Amor, ¿Qué cosa sos?
La mejor idea que se le pudo ocurrir a la humanidad
Preludio
Cada año con el llegar de febrero pienso en San Valentín. Y cuando pienso en San Valentín pienso específicamente en lo que se celebra esa fecha: El amor romántico. Así es, me doy el lujo de ser tildado de purista por algún entusiasta que de con este escrito, si bien me da lo mismo en este tema.
Sabrá usted querido lector, que ya existe el día de la amistad. Es un 30 de julio, no lo olvide. Una festividad tan poco apreciada por el mundo occidental que lo metieron de auxiliar por todos los solteros de San Valentín. Estrategia noble que no fue suficiente por el individualismo imperante que nos devora. Por lo que una vez más, agregaron cuantos amores fueran necesarios para que nadie se sienta relegado y compren más, eso es indispensable. Así llegamos a nuestro actual: Día del amor y la amistad (y el cariño, y el aprecio, y la camaradería, y el ser amado, y el objeto amado y el eros etc.)
Pero volviendo al tema, amor romántico. Este mes encontré escritos muy conmovedores sobre amor que analicé con detenimiento. Descubriendo que casi todos comparten un elemento: descubrieron qué era el amor. Ya sea en retrospectiva o en el momento presente, sus dudas fueron esclarecidas gracias al ser amado. Lo sienten de manera inevitable y los intentos por sintetizarlo en un escrito son inútiles. Cuando lo sabes lo sabes, dirían las girls. No obstante, me es imposible concebir el amor como algo concreto, a diferencia de mis cercanos, y es que desde una temprana edad, por fortuna o desgracia, di con las lecturas idóneas para poner de cabeza todo mi sistema de pensamiento con respecto al amor.
La culpa de todo la tiene Platón
Desde pequeño quise descifrar los misterios del mundo, el más grande para mí fue el del amor. Me parecía un fenómeno extraño muy particular que descendía sobre un par de personas en concreto y se veían extasiadas por su poder (salí poético ja,ja). El caso es que me propuse aprender de amor y no hubo mejor lugar para hacerlo que los libros, y no cualquier libro, ¡libros de filosofía! Así fue como luego de pasar por los libros introductorios como El mundo de Sofía, me adentré en los clásicos. Siguiendo los consejos de un profesor de colegio, empecé por los griegos, El banquete de Platón para ser más preciso. Lo compré porque prometía, con un diálogo sobre la naturaleza del amor y su esencia primaria. Los primeros capítulos fueron maravillosos, constantemente lo mencionaba en las comidas familiares y sentía cómo iba descubriendo algo tan antiguo como la humanidad misma, hasta que llegó el capítulo de Sócrates…
En el, Sócrates cita directamente las enseñanzas de su maestra Diotimia de Mantinea para exponer una máxima que me dejó helado: El amor es el deseo de inmortalidad. Visto desde una perspectiva literaria podría ser admisible, pero leyendo a un pensador que sigue premisas lógicas, la conclusión parece verdadera y verdaderamente dura. Para sintetizar la idea, esta premisa junto con los posteriores agregados, entrevé que desde la época de los griegos se postulaba que el amor era un mecanismo que facilitaba la reproducción y la trascendencia de la especie (o más bien del ADN). El lector entenderá, como todo ser que tiene corazón, que esto me desmoronó. Si el amor no existe como algo tangible ni siquiera como metafísica, sino solo un engaño inteligente de la carne, no hay trascendencia posible y por tanto lo que hacía especial al amor se desvanece sin reparo. Fue esto y no los pusilánimes existencialistas del siglo XX1 lo que me causó mi primera crisis de identidad.
Continué amando naturalmente2, tal como un animal que no tiene poder sobre sus instintos, salvo la debida domesticación. Lo único que nos diferenciaba. Pero era consciente del “engaño”. Aquí es dónde un grupo de la población, en su mayoría materialista, celebra mi advenimiento a la vida fuera de las convenciones sociales, debo reconocer muy rígidas, impuestas para efectos del amor (nótese como hasta hoy lo regulan). Esa aparente libertad, no me satisfacía del todo. Lo terrenal tiene ancho y largo mas carece de fondo.
Las indias galantes
La pesadez de saberse sólo de carne y huesos, en un mundo tangible y sin trascendencia ni esencia parecía acompañarme para siempre. Hasta que un 19 de agosto de 2017, en mi bandeja de recomendaciones, apareció un corte de Las Indias Galantes, ópera-ballet de Jean-Phillipe Rameau. De la ópera curiosamente he aprendido lecciones antiquísimas que todo hombre, es más toda persona, debería aprender. Si bien el corte era prometedor y la música agradable no me animé a ver la producción completa sin antes leer un poco del argumento. Busqué y mi duda fue saldada. Una ópera que habla de amor galante, en la lejana Persia, Turquía, Las grandes praderas y los andes. Amor, una vez más. Tuve que verla en su forma íntegra.
Para no extenderme demasiado bastará decir que en efecto, era una ópera que relataba historias de amor en tierras fuera de Europa. Con enfoque muy a lo Paraíso perdido. Si uno se ablanda con los temas de apropiación cultural y con la exotización de oriente se disfruta más. Y eso es justo lo que hice.
Actos:
Primer acto: El generoso Turco
Abarca el tema del amor no correspondido, la fidelidad, la constancia y la bondad también la renuncia y el duelo por la negativa de la persona amada. Tiene un pasaje muy bello y enternecedor, dónde el Turco, antagonista de la pareja principal, les otorga la libertad y finalmente renuncia a pretender a Emilie. La última palabra que le dirige es en su despedida final diciendo: Esta ausencia que viene te la debo a ti y me la debía a mi.
El barco parte con los enamorados para nunca más volver.3
Segundo Acto: Los Incas del Perú4
Este acto se centra en el amor que es saboteado por los celos y cómo este termina por destruir al celoso antes que a los enamorados. No hay mucho que agregar. Tiene unos pasajes musicales muy bien logrados y expone de modo estereotipado pero sorprendentemente respetuoso (considerando la época) la magnificencia y sofisticación del imperio Inca. Es el acto más dramático de la ópera. Termina con el antagonista, celoso de la pareja, consumido por el volcán que despertó en un intento por eliminar a su rival. Podemos concluir que forzar el amor y activamente sabotearlo te destruirá. Muy directo y funciona. Necesitábamos un poco de emoción luego del golpe que fue el primer acto.
Tercer Acto: Las Flores
Situada en Persia, a las puertas del festival de las flores, un príncipe se enamora de una esclava. Para el final del acto serán 2 príncipes enamorados de la esclava del otro. Un embrollo cómico que irónicamente tiene el mejor cuarteto de toda la obra. Y es la razón por la que mi visión del amor tomó aliento y se transformó a lo que es hoy. Dejaré el video y mi escrito catarsis al final.
Cuarto Acto: Los Salvajes (de América)
3 hombres pretenden a una princesa India (Nativa Americana, se entiende que Cheroqui). Sólo uno lo logra, pues es el único que la ve más allá de su belleza. Tiene el número más famoso de la obra y es muy memorable por los grandes coros y la coreografía que conecta con el chaconne y ballet final que cierra la obra.
Uno de los temas más recurrentes dentro de toda la ópera son ahora aspectos que tenemos arraigados a nuestra concepción idílica del amor. Tal como que el amor no conoce fronteras, ni tiempos, ni formas. Príncipes con esclavos, extranjeros con nativos, todos se ponen al servicio del amor en un ánimo tan apacible que ninguna gloria (egoísmo) puede alcanzar.
El amor como rito
Ahora bien. ¿Tan solo hizo falta una muy conmovedora obra para que la idea del amor renazca de entre las cenizas del naturalismo? No exactamente, pero plantó la semilla de algo que casi un año más tarde daría su primer fruto. Y es que, una vez superado ese periodo oscuro concluí (parafraseando a Voltaire). “Si el amor no existiese habría que inventarlo” (Ajá, descubrí que es un humano) y todo volvió a recobrar su legítimo espacio.
Canto final
Amor, amor, decía.5 Nadie da con tu morada. Solo existes una vez, en el alma enamorada. Los amantes regidos por lujuria y por deseo, claman amor. Amor, amor. Si te tienen ya no existes. Amor, amor, todos quieren sentirte. Si no late no es amor. Un mareo, una luz, una risa, un remesón. Todas esas cosas son, y ninguna es amor. Amor, amor. No es reparo en la carencia ni los muros pirineos. Amor, amor. No es maestro, no es guardián. Ni Aladín y sus deseos. Es un rito, es un acuerdo, es un trato milenario, es un gesto de confianza a lo alto del sagrario. Siendo dicho no es engaño esta lleno de alma y brota. Es amor cuando lo nombro, cuando sale de mi boca.
-Sr. Pedro
Material de apoyo:
El cuarteto que revivió mi espíritu amoroso (de escuchar, hacerlo con audífonos).
Iba a escribir un texto extendido sobre esta pieza pero no tiene caso, la música habla por si sola. Amo lo descriptiva y estable que es. Las voces se complementan tan bien. El uso de grados estables fortalece la idea de un amor sano, estable y sólido, basado en la confianza y la profunda admiración. No tienen que ser calcos uno del otro para ser perfectos. Si el amor existe, y ya sabemos que sí, tendría esta música.
No por nada los adolescentes aman a los existencialistas. Son humanistas endebles, pero humanistas al fin y al cabo. Solo por ello vale la pena leerlos. Si bien, mientras más atrás se lee cronológicamente uno se da cuenta que todos esos temas ya se han hablado hasta la saciedad.
Ajá! ¿Vieron lo que hice allí? Naturalmente. ¿Get it?
“Iros, vivid y amar. Recordad a Osmán”
Perú es clave. Perú es contraseña. Perú es password.
Verso robado del Lamento della Ninfa de Monteverdi.







A mí, en el tema del amor, me marcó (y no creo que para bien) la novela Aura de Carlos Fuentes, con diez u once años de edad, y la leyenda de Iztaccíhuatl . También la pintura de Papilla estelar (1958) de Remedios Varo, que vi en un texto de primaria 🌹.